Todos los hombres nacen progresistas o conservadores

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La teoría

Todos los hombres nacen progresistas o conservadores. Los últimos no querían nacer, estaban cómodos en la panza de su mamá y fueron arrojados al mundo contra su voluntad. Los primeros querían nacer, tal vez porque estaban incómodos, enredados con el cordón umbilical o sin el espacio suficiente. Esta primera experiencia  (la más traumática de todas) marca el carácter y bifurca la sangre de las personas. A unos los tira a renacer todo el tiempo, a salir a nuevos mundos, concebir otras ideas, experimentar diferentes sensaciones y cambiar de hábitos. Los otros se pasan la vida resistiendo, adaptándose a regañadientes al flujo del rio, nadando contra su corriente para volver al útero de su madre, a ese lugar cálido donde no necesitaban nada.

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El mercado distingue bien estos perfiles y la publicidad promete felicidad para ambos. En una mano trae aventuras y experiencias. En la otra, comodidad y seguridad. A los que van para adelante les ofrece vueltas en globo, cabalgatas, bautismos de buceo, sushi y viajes exóticos. A los que van hacia atrás, los tienta con seguros contra incendios, puertas blindadas, sillones y  electrodomésticos. Para unos el mundo es un lugar hostil y se pasan la vida mejorando sus refugios, volviendo al paraíso perdido. De esta manera, la heladera, la multiprocesadora, el microondas, el lavaplatos y los pinches para choclos conforman un collar de tecnologías que pretenden reemplazar al buen cordón umbilical.  Mientras el aire acondicionado y las ventanas herméticas recrean las amables condiciones del útero. Para los otros el mundo es su casa, no son de aquí pero sí son de allá, del lugar hacia donde van, atraídos por compulsión ciega como los bichos a la luz. Ellos quieren aprender idiomas, bailar salsa, leer autores extraños; son la punta de lanza de modas y tecnologías.

Política

El  sistema político también representa a ambos perfiles. Las democracias bipartidistas son la síntesis máxima de este dualismo. Los que se resisten a los cambios sociales votan al “Partido Republicano”. Los que le dan la bienvenida a todo lo nuevo se inclinan por el “Partido Demócrata”. Claro que hay tantas distinciones y puntos intermedios como personas. Por supuesto que hay “conservadores” demócratas. Y es evidente que también influyen las tradiciones familiares, los intereses personales y las demás experiencias. Pero si esta hipótesis es correcta, la experiencia fundacional es más determinante que las posteriores. Podría haber militantes de Clinton y Trump repartiendo folletos a obstetras o visitando salas de parto. Los indecisos se explican, dentro de la hipótesis, como una cuestión de grado, porque tal vez algunos nacimos sólo un poco incómodos.

Innatismo empirista

En cualquier caso, lo interesante de esta idea es que encierra una verdad estética y también es pasible de ser contrastada científicamente. Aunque decir que “se nace con determinado carácter” puede sonar a innatismo, es un postulado empirista que pone foco en la misma experiencia de nacer. Basta con observar el comportamiento de una persona y conocer las condiciones del parto para juntar evidencias que respalden o refuten la idea. Observemos a nuestros hijos. Los invito a apoyar o resistir esta teoría. Probablemente ya estén inclinados a hacer una cosa o la otra.

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